14 de julio de 2015

Molinillos



Don Francisco (no es su nombre, no creo que lo sea pero se da un aire al dictador), es un hombre serio y aparentemente severo. Aparentemente, nunca hemos cruzado una palabra. Ya ves, crees conocer a alguien solo con verle cada día.

Él no lo sabe pero le veo salir de vez en cuando a su balcón a contemplar unos molinillos que aparecen allí un día cualquiera y se suman a otros ya instalados. He llegado a contar hasta seis a la vez; molinillos de papel celofán o plástico, de colores vivos y brillantinas, molinillos de feria. 

Una mañana al levantar mi persiana, justo antes de conectar los ordenadores lo he visto con uno nuevo en la mano. Lo mira estudiándolo. Busca una ráfaga de aire que lo haga girar... Lo vuelve a observar. Se sienta en una silla de jardín metálica y lo mira. Se levanta y se va con su molinillo al poste que usa para colocarlos.  Estira su brazo anhelando una ráfaga que no sopla... Espera, mira su mano y al fin... gira. 



©2015, F.J.Samanes